A prestar Atención se aprende
- De la función comunicacional a la función cognitiva -

La atención es una función neuropsicológica que progresa paulatinamente. En el pequeño infante la capacidad atencional es muy breve e irá prolongándose a medida que el niño madure permitiendo el inicio, desarrollo y finalización de actividades, optimizando así sus aprendizajes.

Cuando el bebé-niño está motivado, logra mantenerse concentrado en una misma situación; si de ella se desprende una gratificación, generará mayor interés prolongando el tiempo de interacción-atención consolidando este mecanismo esencial para el desarrollo del pensamiento y la socialización.

La función facilitadora de los padres no solo es captar la atención y filtrar estímulos aversivos ó distractores para su mantenimiento; sino también repetir y recrear.

El niño logra mantener mejor su atención en aquello que le es familiar, puede anticipar y mantenerse en situación. Cuando la atención comienza a declinar, la capacidad de recreación del adulto posibilita la renovación atencional; por ejemplo: nuevos gestos, sonidos o movimientos de la cabeza, restauran el interés.

La atención depende de la madurez del sistema nervioso y modela su calidad funcional a partir de las interacciones. Entre el ofrecimiento y las respuestas se consolida la interfuncionalidad: interacción-atención.

Propongo utilizar el término interatención como modalidad fundante de este mecanismo en los primeros años. La atención es compartida en forma simultánea y sucesiva, el acento está puesto en la capacidad de atención de ambos (adulto-niño) y las acciones pasan a ser los recursos para su mantenimiento.

Pero ahora bien; detengámonos a pensar; qué sucede en nuestra sociedad urbana occidental, respecto de la capacidad atencional de los jóvenes padres.

Antes, nuestros padres llegaban del trabajo y el trabajo quedaba detrás de otras puertas, del mostrador o de un escritorio, en otro barrio.

Hoy, la computadora es una herramienta de trabajo frecuente a través de la cual, se prolongan las horas de trabajo en casa.

Escucho reiteradamente que los padres denuncian de sí mismos que les cuesta hacer un corte al llegar al hogar, ¡ese momento tan esperado por el niño pequeño! Los padres intentan cumplir con todas las obligaciones y las responsabilidades al mismo tiempo, entonces responden a los niños mientras continúan perpetuando sus ojos en la pantalla.

El niño reclamará la atención con mayor ahínco, porque no le alcanzan las palabras que salen del perfil de sus padres. La demanda creciente del niño los agobia aún más y se produce un clima de tirantez.

Otra situación frecuente es mantener el televisor encendido aunque no se mire especialmente un programa, pasando a ser una compañía, el ruido en la casa, voces que caen en el vacío, que llenan vacíos, que interfieren la comunicación ó que alientan "el tiempo de espera" hasta que los padres puedan renunciar a la pantalla.

El problema es que para los bebés y los niños la computadora y la televisión son distractores ineludibles, imanes para los ojos. La bola de nieve de la distracción cada día se repite y se agranda.

Cuando los padres interactúan con todos sus sentidos orientados hacia sus hijos, ellos dejan de sentirse transparentes. Esta sensación de existencia los gratifica, construye una autoestima positiva y la demanda de atención encontrará un justo equilibrio.

Fuente: Fragmentos del Libro
"Interacciones Tempranas-¡Prohibida la educación a distancia!"
Paula Landen 2013 - Edit. Albatros